- On 9 February, 2026
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Cuando los datos no bastan. Clima, océano, cerebro y lenguaje: por qué no entendemos (o rechazamos) lo que la ciencia ya sabe.
Cómo leer este texto
(nota de encuadre y criterio editorial)
Este texto es una aportación técnica y reflexiva elaborada por el director ejecutivo de la Fundación Canaria Reserva Mundial de la Biosfera La Palma, en el marco de sus funciones de análisis, divulgación y acompañamiento a los procesos de transición ecosocial.
No constituye una posición institucional formal de la Fundación, que corresponde a sus órganos de representación —Patronato y Presidencia— conforme a sus Estatutos.
La pieza no pretende ofrecer un resumen divulgativo al uso ni transmitir una opinión personal, ni convencer a nadie a la fuerza. Su objetivo es contribuir a la comprensión de la crisis climática desde una perspectiva amplia, integrando evidencia científica, límites físicos del sistema Tierra y factores cognitivos y culturales que condicionan la respuesta social.
Este texto no simplifica para tranquilizar ni dramatiza para generar alarma. Parte de una premisa clara: el conocimiento serio exige esfuerzo, tiempo y disposición a revisar marcos mentales previos.
La reflexión se articula a partir de tres principios:
- Se apoya en evidencia científica consolidada, en particular en el informe internacional Ten new insights in climate science 2025, que sintetiza avances recientes relevantes para la comprensión del sistema climático y de sus impactos sociales.
- Integra distintas disciplinas —climatología, oceanografía, neurociencia, psicología cognitiva, sociología, lingüística y perspectiva de larga duración— para explicar no solo qué está ocurriendo, sino por qué, incluso con amplia evidencia disponible, resulta tan difícil entenderlo y traducirlo en acción colectiva.
- Asume explícitamente los límites de la percepción humana, del lenguaje y de la atención en sociedades complejas, aceleradas y saturadas de información, como parte constitutiva del problema climático contemporáneo.
No se trata aquí de “creer” o “no creer”.
Se trata de comprender cómo se produce el conocimiento científico, cómo se filtra socialmente y por qué, en ocasiones, se rechaza incluso cuando la evidencia es robusta.
Si este texto incomoda, no es un error de estilo.
Es parte del método.
Contexto científico de partida: ¿qué son los “nuevos conocimientos”?
El informe “10 new insights in climate science 2025” es una síntesis científica internacional elaborada por investigadores del clima. Su objetivo no es abarcar toda la complejidad del sistema Tierra, sino identificar aquellos avances publicados en los últimos 18 meses que cambian o afinan de manera significativa nuestra comprensión del cambio climático y de sus impactos sociales.
Los diez insights que recoge pueden resumirse así:
- El salto térmico excepcional de 2023–2024, vinculado al aumento de la energía acumulada en el sistema climático.
- La aceleración del calentamiento oceánico y el aumento en frecuencia, duración e intensidad de las olas de calor marinas.
- Señales de estrés en los sumideros terrestres de carbono, especialmente en regiones frías.
- La interacción directa entre crisis climática y pérdida de biodiversidad, como procesos inseparables.
- El agotamiento acelerado de acuíferos y la creciente inseguridad hídrica.
- La expansión de enfermedades sensibles al clima, ya no confinadas a regiones tropicales.
- El aumento de las pérdidas económicas y de productividad laboral asociadas al calor extremo.
- Los límites y dilemas de las tecnologías de eliminación de CO₂ en escenarios de sobrepaso (overshoot).
- Los problemas de integridad y eficacia real de los mercados de créditos de carbono.
- La evidencia sobre qué combinaciones de políticas climáticas funcionan realmente para reducir emisiones.
Este texto no aborda los diez puntos por igual. Se detiene deliberadamente en uno de ellos —el calentamiento oceánico— porque en él se concentra una de las claves físicas más determinantes y, al mismo tiempo, una de las más mal comprendidas. Ese malentendido no es solo técnico: es cognitivo, psicológico y cultural.
𝐈𝐍𝐓𝐑𝐎𝐃𝐔𝐂𝐂𝐈𝐎́𝐍
𝐔𝐧𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐩𝐞𝐜𝐭𝐢𝐯𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐫𝐠𝐚 𝐝𝐮𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧: 𝐜𝐥𝐢𝐦𝐚, 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐲 𝐮𝐦𝐛𝐫𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐩𝐥𝐚𝐧𝐞𝐭𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬
(𝑢𝘯𝑎 𝑐𝘢𝑝𝘢 𝘥𝑒 𝐵𝘪𝑔 𝐻𝘪𝑠𝘵𝑜𝘳𝑦 𝑛𝘦𝑐𝘦𝑠𝘢𝑟𝘪𝑎)
Para comprender lo que está ocurriendo hoy no basta con mirar décadas ni siquiera siglos. Hay momentos en la historia profunda de la Tierra en los que el sistema climático fue perturbado de forma rápida y masiva, y las respuestas del planeta quedaron registradas en la geología, en la biosfera y en los ciclos biogeoquímicos.
Uno de los ejemplos más estudiados es el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno (PETM), ocurrido hace unos 56 millones de años. Durante ese episodio, una rápida inyección de carbono en el sistema Tierra provocó un aumento abrupto de la temperatura global, acompañado de disrupciones ecológicas generalizadas, tanto en tierra como en los océanos. 𝐄𝐬𝐭𝐮𝐝𝐢𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐦𝐮𝐞𝐬𝐭𝐫𝐚𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐪𝐮𝐞𝐥 𝐜𝐚𝐥𝐞𝐧𝐭𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐮𝐯𝐨 𝐚𝐬𝐨𝐜𝐢𝐚𝐝𝐨 𝐚 𝐫𝐞𝐨𝐫𝐠𝐚𝐧𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐮𝐧𝐝𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐜𝐨𝐬𝐢𝐬𝐭𝐞𝐦𝐚𝐬, 𝐚𝐥𝐭𝐞𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐜𝐢𝐜𝐥𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐜𝐚𝐫𝐛𝐨𝐧𝐨 𝐲 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐠𝐮𝐚, 𝐲 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐛𝐢𝐨𝐥𝐨́𝐠𝐢𝐜𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐭𝐚𝐫𝐝𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐜𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐦𝐢𝐥𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐳𝐚𝐫𝐬𝐞.
Lo relevante del PETM no es solo que ocurriera, sino cómo respondió el sistema Tierra. No lo hizo de manera suave ni lineal. 𝐂𝐮𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐬𝐞 𝐜𝐫𝐮𝐳𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐝𝐞𝐭𝐞𝐫𝐦𝐢𝐧𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐮𝐦𝐛𝐫𝐚𝐥𝐞𝐬, 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐞𝐧 𝐣𝐮𝐞𝐠𝐨 𝐫𝐞𝐭𝐫𝐨𝐚𝐥𝐢𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐚𝐦𝐩𝐥𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐚𝐜𝐞𝐥𝐞𝐫𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐲 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐮𝐧𝐝𝐢𝐳𝐚𝐫𝐨𝐧 𝐞𝐥 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐨. El clima, la biosfera y la química del planeta reaccionaron como lo que son: un sistema complejo acoplado.
Desde una perspectiva de Big History, este tipo de episodios nos enseña varias lecciones incómodas pero fundamentales:
-que 𝐞𝐥 𝐜𝐥𝐢𝐦𝐚 𝐲 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐧 𝐩𝐫𝐨𝐟𝐮𝐧𝐝𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞𝐥𝐚𝐳𝐚𝐝𝐨𝐬;
-que 𝐥𝐨𝐬 𝐠𝐫𝐚𝐧𝐝𝐞𝐬 𝐜𝐢𝐜𝐥𝐨𝐬 𝐩𝐥𝐚𝐧𝐞𝐭𝐚𝐫𝐢𝐨𝐬 (𝐜𝐚𝐫𝐛𝐨𝐧𝐨, 𝐭𝐞𝐦𝐩𝐞𝐫𝐚𝐭𝐮𝐫𝐚, 𝐚𝐠𝐮𝐚) 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞𝐧 𝐜𝐚𝐦𝐛𝐢𝐚𝐫 𝐝𝐞 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨 cuando se fuerzan más allá de ciertos límites;
-que las transiciones rápidas dejan huellas duraderas, 𝐢𝐫𝐫𝐞𝐯𝐞𝐫𝐬𝐢𝐛𝐥𝐞𝐬 𝐞𝐧 𝐞𝐬𝐜𝐚𝐥𝐚𝐬 𝐡𝐮𝐦𝐚𝐧𝐚𝐬;
-y que 𝐥𝐚 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐛𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐜𝐥𝐢𝐦𝐚́𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐧𝐨 𝐞𝐬 𝐥𝐚 𝐧𝐨𝐫𝐦𝐚 𝐡𝐢𝐬𝐭𝐨́𝐫𝐢𝐜𝐚, 𝐬𝐢𝐧𝐨 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐝𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐢𝐧𝐠𝐞𝐧𝐭𝐞.
La crisis climática actual no es, por tanto, una anomalía fuera de la historia del planeta.
Es parte de esa historia larga de interacciones entre energía, materia y vida.
Lo que hace radicalmente distinto al presente no es solo la magnitud del cambio, sino tres factores clave:
𝐋𝐚 𝐯𝐞𝐥𝐨𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝: el ritmo actual de calentamiento es comparable a los grandes eventos del pasado, pero comprimido en décadas, no en milenios.
𝐋𝐚 𝐜𝐚𝐮𝐬𝐚: no es volcánica ni orbital, sino antropogénica.
𝐋𝐚 𝐩𝐨𝐬𝐢𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞𝐥 𝐨𝐛𝐬𝐞𝐫𝐯𝐚𝐝𝐨𝐫: por primera vez, la especie que provoca la perturbación es también plenamente consciente —al menos en términos científicos— de lo que está ocurriendo.
Esta mirada de larga duración no resta urgencia al análisis. Al contrario: la refuerza. Nos recuerda que cuando el sistema Tierra cruza umbrales, no responde con proporcionalidad, y que las consecuencias se despliegan durante tiempos que desbordan cualquier horizonte político o psicológico humano.
El PETM no es un espejo del presente, pero sí un precedente clave: muestra que cuando grandes cantidades de energía se acumulan rápidamente en el sistema Tierra, el océano —como principal almacén térmico— se convierte en el eje desde el que se reorganiza el clima global.
Con este marco en mente, volvamos ahora al presente inmediato y al dato físico concreto que sirve de punto de partida.
𝟏. 𝐄𝐥 𝐡𝐞𝐜𝐡𝐨 𝐟𝐢́𝐬𝐢𝐜𝐨 (𝐬𝐢𝐧 𝐭𝐞𝐜𝐧𝐢𝐜𝐢𝐬𝐦𝐨𝐬)
El informe muestra que entre 2023 y 2024 se registraron las temperaturas más altas jamás observadas de la superficie del mar, medidas por satélite. (Ya lo hemos tratado en entradas anteriores).
Esto no significa solo que “el mar esté un poco más caliente”.
Significa algo más profundo: el océano es el principal sumidero de calor del planeta. Las síntesis científicas coinciden en que en torno a ~90 % del exceso de energía atrapado por los gases de efecto invernadero no permanece en la atmósfera, sino que se almacena en el océano.
Las estimaciones varían según el periodo analizado y la metodología empleada, pero la conclusión es robusta: el océano absorbe la fracción dominante del calentamiento global.
Durante décadas, el océano ha funcionado como un amortiguador térmico. Ha absorbido calor y ha evitado que la atmósfera se calentara aún más rápido. En términos simples: nos compró tiempo.
Ese tiempo se está agotando.
Este calentamiento no es solo una magnitud continua que “sube poco a poco”. En sistemas complejos como el clima, la acumulación de energía puede empujar componentes clave hacia umbrales de cambio (tipping points), a partir de los cuales las respuestas dejan de ser graduales y pasan a reorganizarse de forma no lineal tal y como identifica de forma consistente la literatura científica sintetizada por el IPCC.
𝟐. 𝐔𝐧𝐚 𝐢𝐝𝐞𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚𝐢𝐧𝐭𝐮𝐢𝐭𝐢𝐯𝐚 (𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐜𝐥𝐚𝐯𝐞): 𝐟𝐥𝐮𝐣𝐨𝐬, 𝐚𝐜𝐮𝐦𝐮𝐥𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐲 𝐫𝐞𝐭𝐚𝐫𝐝𝐨
Aquí aparece una de las mayores fuentes de confusión.
Las emisiones son un flujo: lo que añadimos cada año.
El calentamiento del océano es una acumulación: lo que se queda dentro.
Reducir emisiones es imprescindible, pero no “enfría” el planeta de inmediato. Solo reduce la velocidad a la que seguimos cargando energía en el sistema.
Además, el sistema climático tiene retardo: responde con décadas de retraso. Lo que sentimos hoy es consecuencia de decisiones pasadas. Y lo que decidamos hoy tendrá efectos que no veremos nosotros.
Esto no es pesimismo. Es física básica aplicada a un sistema con memoria.
𝟑. 𝐄𝐧𝐭𝐨𝐧𝐜𝐞𝐬… ¿𝐩𝐨𝐫 𝐪𝐮𝐞́ 𝐜𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚 𝐭𝐚𝐧𝐭𝐨 𝐞𝐧𝐭𝐞𝐧𝐝𝐞𝐫𝐥𝐨?
Aquí es donde la ciencia del clima, por sí sola, ya no basta.
Para responder hay que mirar al cerebro humano.
Las personas no vemos la realidad tal como es.
Vemos una representación de la realidad.
Nuestros sesgos atencionales y heurísticos —adaptativos en contextos inmediatos— funcionan peor ante riesgos lentos, globales, acumulativos y estadísticos. Nuestro sistema cognitivo prioriza lo inmediato, lo cercano y lo emocional.
La crisis climática es justo lo contrario.
Por eso nos resulta tan difícil sentirla como real, aunque sepamos que lo es.
𝟒. 𝐌𝐚𝐫𝐜𝐨𝐬 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐚𝐥𝐞𝐬: 𝐥𝐚 𝐚𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐜𝐥𝐚𝐯𝐞 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐥𝐢𝐧𝐠𝐮̈𝐢́𝐬𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐜𝐨𝐠𝐧𝐢𝐭𝐢𝐯𝐚 (𝐆𝐞𝐨𝐫𝐠𝐞 𝐋𝐚𝐤𝐨𝐟𝐟)
Aquí entra el trabajo del lingüista y pensador George Lakoff.
Lakoff demuestra que no pensamos directamente con datos, sino con marcos mentales (frames). Un marco mental es una estructura profunda del pensamiento: un conjunto de asociaciones, emociones, valores y reglas morales que se activan automáticamente cuando oímos ciertas palabras o narrativas.
No es una opinión.
No es algo consciente.
Es la forma en que el cerebro organiza el mundo antes de razonar.
Su ejemplo más conocido lo ilustra con claridad: “𝘕𝑜 𝑝𝘪𝑒𝘯𝑠𝘦𝑠 𝑒𝘯 𝘶𝑛 𝑒𝘭𝑒𝘧𝑎𝘯𝑡𝘦.”
Es imposible. Para entender la frase, el cerebro tiene que activar primero el elefante. El marco ya está encendido antes de que podamos negarlo.
Conclusión clave: el lenguaje activa marcos automáticamente, y negar un marco suele reforzarlo.
No razonamos primero y sentimos después, sentimos y enmarcamos primero, y luego razonamos.
Esto no implica determinismo absoluto, pero sí un condicionamiento profundo de la percepción y la respuesta emocional.
𝟓. 𝐄𝐣𝐞𝐦𝐩𝐥𝐨𝐬 𝐢𝐧𝐜𝐨́𝐦𝐨𝐝𝐨𝐬 (𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐥𝐚𝐝𝐨𝐫𝐞𝐬)
Cuando se habla de inmigración como “oleadas”, “avalancha”, “plaga” o “invasión”, no se está describiendo un fenómeno, se está activando un marco biológico o militar.
El cerebro deja de ver personas y empieza a ver amenazas. Este desplazamiento del encuadre facilita la aceptación social de medidas más duras, al modificar el marco moral desde el que se interpreta el problema.
Esto no es retórica exagerada.
Es neurocognición aplicada.
𝟔. 𝐀𝐡𝐨𝐫𝐚 𝐚𝐩𝐥𝐢́𝐜𝐚𝐥𝐨 𝐚𝐥 𝐜𝐥𝐢𝐦𝐚 (𝐚𝐪𝐮𝐢́ 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐞𝐥 𝐩𝐮𝐧𝐭𝐨 𝐜𝐫𝐢́𝐭𝐢𝐜𝐨)
Cuando decimos, “récord de temperatura del mar”, ¿qué marco se activa?
Ninguno fuerte. Suena a estadística, a noticia lejana.
En cambio, cuando decimos, “el océano está alterando su papel amortiguador y, con ello, desestabiliza componentes clave del sistema climático”, se activa otro marco: dependencia, cuidado, límite, fragilidad del sistema que nos sostiene.
El hecho físico es el mismo.
El marco cambia lo que sentimos y, por tanto, lo que estamos dispuestos a aceptar.
Por eso muchos datos climáticos rebotan: llegan sin marco o dentro de marcos que neutralizan su impacto.
𝟕. 𝐏𝐬𝐢𝐜𝐨𝐥𝐨𝐠𝐢́𝐚: 𝐢𝐝𝐞𝐧𝐭𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐲 𝐚𝐮𝐭𝐨𝐩𝐫𝐨𝐭𝐞𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧
Cuando una información amenaza nuestro modo de vida, nuestra identidad, nuestro estatus o nuestra idea de “normalidad”, el cerebro no la procesa como conocimiento, sino como amenaza. Entra en juego el razonamiento motivado, buscamos argumentos que nos permitan preservar coherencia identitaria y reducir disonancia cognitiva.
Esto explica buena parte del negacionismo cotidiano, que no siempre grita. A veces simplemente mira hacia otro lado.
𝟖. 𝐒𝐨𝐜𝐢𝐨𝐥𝐨𝐠𝐢́𝐚: 𝐯𝐢𝐯𝐢𝐦𝐨𝐬 𝐜𝐚𝐧𝐬𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐲 𝐝𝐢𝐬𝐭𝐫𝐚𝐢́𝐝𝐨𝐬
A todo esto, se suma la economía de la atención. Plataformas, medios y política compiten por segundos de foco. Los incentivos algorítmicos y comerciales favorecen contenidos de alta activación emocional (indignación, miedo), penalizando lo complejo y sistémico.
El resultado no es ignorancia, sino agotamiento cognitivo.
Y una sociedad agotada tiene dificultades para pensar en sistemas.
Mientras tanto, el océano sigue acumulando calor.
𝟗. 𝐕𝐨𝐥𝐯𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐚 𝐥𝐚 𝐜𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 (𝐜𝐨𝐧 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐞𝐧 𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞)
Los satélites de la Iniciativa de Cambio Climático de la Agencia Espacial Europea no interpretan ni opinan. Registran la energía que entra y no sale.
La ciencia acumula evidencia con paciencia.
La sociedad necesita marcos que le permitan verla.
El problema no es que falte información.
El problema es que entenderla nos obliga a mirarnos.
𝟏𝟎. 𝐂𝐢𝐞𝐫𝐫𝐞: 𝐥𝐮𝐜𝐢𝐝𝐞𝐳 𝐬𝐢𝐧 𝐚𝐧𝐞𝐬𝐭𝐞𝐬𝐢𝐚
No podemos deshacer el pasado. Pero sí podemos decidir cuánto daño adicional añadimos.
Comprender el retardo del sistema climático, la acumulación oceánica y los límites de nuestra propia mente no es un ejercicio académico abstracto. Es una condición ética.
Si este texto incomoda, cumple su función. La conciencia no acaricia, abre una veta de luz. Y la luz, cuando entra, nos obliga a ver también nuestra oscuridad.
𝐑𝐞𝐟𝐞𝐫𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐚𝐜𝐚𝐝𝐞́𝐦𝐢𝐜𝐚𝐬 👇
10 𝑛𝘦𝑤 𝑖𝘯𝑠𝘪𝑔𝘩𝑡𝘴 𝘪𝑛 𝑐𝘭𝑖𝘮𝑎𝘵𝑒 𝑠𝘤𝑖𝘦𝑛𝘤𝑒 2025.
IPCC. (2021). Climate Change 2021: The Physical Science Basis. Cambridge University Press.
METRO.Nelissen, D.A.Willard, H.van Konijnenburg-van Cittert, GRAMO.J.Bowen, T.Hola, A.Sluijs, J.Frieling, &H.Brinkhuis, Disrupción generalizada de los ecosistemas terrestres al inicio del máximo térmico del Paleoceno-Eoceno, Proc. Natl. Acad. Sci. USA 123 (4) e2509231122, https://doi.org/10.1073/pnas.2509231122 (2026).
Merchant, C. J., et al. (2025). Ten new insights in climate science 2025. Global Sustainability.
NOAA. (2023). Ocean Heat Content.
Chang, L., Abraham, J., Hausfather, Z., & Trenberth, K. E. (2019). Science, 363(6423).
Lakoff, G. (2004). Don’t think of an elephant!. Chelsea Green.
Lakoff, G. (2010). Environmental Communication, 4(1).
Kahneman, D. (2011). Thinking, fast and slow.
Kahan, D. M., et al. (2012). Nature Climate Change, 2.
Spence, A., Poortinga, W., & Pidgeon, N. (2012). Risk Analysis, 32(6).
Han, B.-C. (2017). Psychopolitics. Verso.
Nota final
El contenido de este texto refleja el análisis del director ejecutivo en el ejercicio de sus funciones técnicas y no constituye, por sí mismo, un posicionamiento oficial de la Fundación Canaria Reserva Mundial de la Biosfera La Palma.
Este texto no pretende convencer a nadie a la fuerza.
Pretende algo más difícil, explicar por qué entender cuesta tanto.
La ciencia ya ha hecho su trabajo.
Ahora nos toca el nuestro, mirar de frente, incluso cuando incomoda.
El conocimiento también exige esfuerzo.
Y sin ese esfuerzo, no hay lucidez posible.
𝐅𝐮𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐝𝐞𝐥 𝐕𝐢́𝐝𝐞𝐨: 👇
https://x.com/esaclimate/status/2014340127783317634?s=20
Alfonso Montes de Oca Acosta
Director Ejecutivo
Fundación Canaria Reserva Mundial de la Biosfera La Palma